jueves 21 de enero de 2010

El coletazo de Millenium


El primer cartel de la última película basada en los libros de Stieg Larsson ya está aquí. Con una estética muy punkie y mirada y actitud vengativa, la pequeña Lisbeth se prepara para hacer el punto final de Millenium con La reina en el palacios de las corrientes de aire. La película llegará a las salas de España el próximo 5 de marzo.

domingo 17 de enero de 2010

Niños malos IV




Los chicos del coro (2004). Todo el mundo recuerda con especial cariño esta película francesa. Se trata del típico drama con toques de comedia que triunfa en los cines galos para posteriormente arrasar en las taquillas del mundo y ganarse el apoyo general de la crítica. Algo similar pasó con Amélie, que en su momento despertó un furor aún más acérrimo. Los chicos del coro es el típico filme donde un maestro llega a un colegio de niños marginados y les cambia la vida aleccionándolos en una práctica determinada -en este caso, el canto coral- que se acaba convirtiendo en la pasión de su vida. El lugar en cuestión es un internado llamado “Fond de l’Etang”, o sea, “Fondo del Estanco”. ¿No es un poco evidente por el nombre que allí residirá la purria de la sociedad? Ya de paso, podrían haberlo llamado “La Taza del Váter”, “El Páramo del Desguace” o directamente “Margilandia”. En fin, que el lugar es el Bronx y sus habitantes son niños más o menos cabrones y perturbados, contra los cuales sólo se puede luchar utilizando el método de la “acción-reacción”, o sea, si se portan mal, putearlos al máximo. Hasta que llega el bueno de Clément Mathieu y exporta su método de la comprensión, la música y bla bla. En este tipo de películas siempre hay unos cuantos chavales que tienen una personalidad más marcada y un mayor protagonismo, y ésta no es una excepción. La estrella es Pierre Morhange, un niño cuya cara presenta una interesante fusión entre un ángel anunciador y un rábano. Es el típico niño callado, misterioso y traumatizado, que se porta mal para rebelarse contra lo jodida que es su vida, pero que en realidad es inteligente y tiene mucho que ofrecer. Y una perfecta voz de soprano, claro. Lo cierto es que la banda sonora de la película la puso una coral de verdad, la coral de Saint-Marc, que está compuesta por unos 80 niños (no por dos decenas, como la coral de la peli). Y resulta que el actor que interpretó a Pierre, Jean-Baptiste Maunier, es miembro de esta coral -el único miembro de la coral que sale en la película y el único actor de la película que sabe cantar. Esto acarreó una cierta controversia en su tiempo, pues por lo visto el pequeño Jean-Baptiste se forró de pasta y se llevó gran parte de la gloria, mientras que sus compañeros de la coral… digamos que se los dejó un poco al márgen del éxito y del repartimiento del pastel. Finalmente, en 2005, Jean-Baptiste decidió abandonar la coral, con la que después del éxito de la película había realizado giras por todo el mundo, para centrarse únicamente en su carrera como actor. De hecho, incluso llegó a declarar que lo que realmente le gustaba era el rock duro, y que detestaba la música clásica, la encontraba aburrida y le hacía dormir.



La semilla de Chucky (2004). Cambio de registro para hablar de Chucky, un clásico del terror. Más de veinte años después del nacimiento de la franquicia y tras 5 filmes, todo el mundo conoce al Muñeco Diabólico. No lo he incluido antes en la lista porque técnicamente no es un niño, sino el alma del asesino en serie Charles Lee Ray atrapada en el cuerpo de un muñeco. La serie empezó como una saga de terror, pero pronto fue derivando hacia la comedia cafre y sangrienta -sin duda contribuyó a ello la personalidad “fuerte”, por decir algo, de Chucky. En 1998 se estrenó La novia de Chucky, donde el muñeco compartía protagonismo con su novia Tiffany. La película contenía una grotesca escena de sexo entre muñecos, lo que ocasionaria el consiguiente embarazo y, con ello, una nueva película, de momento la última de la serie, en que los muñecos serían 3: Chucky, Tiffany y la criatura. Recuerdo poco de esta película que vi en el cine en su tiempo. La broma principal del filme es el hecho de que no se sabe si el hijo de Chucky es un niño o una niña. De hecho sus padres discuten todo el tiempo sobre ello e incluso le ponen al retoño dos nombres diferentes: Chucky apuesta por Glenn, convencido de su masculinidad, mientras que Tiffany asegura que es Glenda. La criatura, que no parece tener genitales, no se pronuncia al respecto. Al final la madre tiene razón y su semillita se queda el nombre de Glenda. La película está en esta lista precisamente por Glenda. Tener locos a sus padres solo por el hecho de ser un muñeco asexuado ya es bastante malo. Pero la maldad de Glenda reside, sobre todo, en que no quiere seguir los pasos de sus progenitores. No quiere matar. Quiere ser buena, y eso la convierte en una verdadera pesadilla para Chucky y Tiffany. ¿No es cierto que los hijos nunca se interesan por las aficiones de los padres? Pues ni siquiera en el mundo de los muñecos asesinos hay excepción. De hecho, el argumento gira entorno a la lucha de Chucky y Tiffany por dejar la mala vida, por ser buenos padres y no cometer más crímenes. Pero eso no es tan fácil, pues para ellos dejar de matar es como dejar de fumar, es una adicción, y se ven contínuamente tentados a hacerlo. Obviamente, sucumben varias veces, siempre bajo una misma filosofía: “Roma no se construyó en dos días…”.



The squid and the whale (2005). Cambiamos de género para hablar de esta comedia dramática que nos sirve como otro claro ejemplo de lo que ya veíamos en filmes anteriores: los niños malos los crean los padres. En este caso, la causa es el divorcio. La película utiliza su título como una metáfora: The squid and the whale es una escultura que se encuentra en el Museo de Historia Natural de Nueva York que recrea una lucha entre un calamar gigante y una ballena. Lucha encarnizada comparable a la que llevan a cabo los dos padres del filme. Y no sólo eso, porque además utilizan a sus propios hijos en la confrontación. Estos son Frank, preadolescente, y Walt, adolescente (interpretado por Jesse Eisenberg, recientemente conocido por su trabajo en Zombieland). Resulta que la custodia de los hijos es compartida, y cada uno de los niños prefiere, en principio, a uno de los progenitores… Pero el argumento se lía considerablemente, y se acaban sucediendo una serie de “traiciones” y “cambios de bando” bastante divertidos pese a lo dramático de la situación. De hecho, la película se basa en la propia experiencia de su director y guionista, Noah Baumbach, y su hermano, cuando vivieron la separación de sus padres. Y pienso que Baumbach tuvo mucho valor al relatar unos hechos que me pregunto hasta qué punto serán ciertos, porque la verdad es que los niños en la película acaban bastante idos de la olla. Por ejemplo, Walt, el mayor, “compone” con su guitarra una canción para un festival en su instituto, y gana el primer premio… hasta que se descubre, días después, que la canción no es otra que Hey You, de Roger Waters, que el joven ha firmado como si fuera suya. Las de el pequeño Frank son bastante más sonadas: al niño le da por empezar a beber, lo que deriva en borracheras considerables y, por si fuera poco, coge la curiosa afición de masturbarse en la biblioteca de su colegio e ir esparciendo por los libros sus propios fluidos. Dulce infancia.



Tideland (2005). Paso brevemente por esta rareza por una sola razón: no se puede hablar mucho de ella, hay que verla para saber de qué se trata. Su director, Terry Gilliam, siempre se ha movido por la fantasía extraña, a veces casi alucinógena y con tintes oscuros, pero sus películas nunca estaban exentas de un cierto optimismo, humor o por lo menos ironía… hasta que llegó Tideland y mostró su cara más macabra y dura. El filme nos adentra en el mundo de fantasía de la joven Jeliza-Rose, que vive con su padre en una vieja casa rodeada por campos de trigo, en medio de la nada. Resulta que su padre es un roquero heroinómano -a quien la inocente niña ayuda a drogarse- y en uno de sus viajes acaba palmándola. Así, Jeliza-Rose se queda sola con el cadáver de su padre -a quien en ningún momento da por muerto- y sus espantosas muñecas (unas Barbies en penoso estado), con las que la cría mantiene largas conversaciones, convirtiéndolas en sus confidentes y compañeras de juegos. La premisa en sí ya es una locura, pero la cosa se va poniendo cada vez peor, cuando entran en escena unos peculiares vecinos: una vieja que se dedica a la taxidermia y un joven retrasado mental que se convierte en novio de Jeliza-Rose. A mí me gustó la película, de hecho es una de mis favoritas de su director, pero no es de extrañar que gran parte de la crítica la considerara un espanto, una aberración y un producto sin otro objetivo que la simple provocación.



This is England (2006). Quizás sería injusto catalogar como “niño malo” al protagonista de esta película, personaje basado en la infancia de su director, Shane Meadows. El filme gira en torno a lo influenciables que somos las personas en una cierta edad, y cómo la necesidad de pertenecer a un grupo nos puede convertir en malas personas. Narra el filtreo del joven Shaun con un grupo de skinheads. Al principio no hay problema: sus amigos son jóvenes interesados simplemente por la música y las fiestas, cuya estética sirve como herramienta de “cohesión” del grupo, sin ir más allá ideológicamente. Incluso uno de ellos es negro. Pero una ala radical de skinheads interfiere en la vida pacífica de los jóvenes, y come el tarro a algunos de ellos, entre ellos a Shaun. Así, el muchacho se ve envuelto en líos considerables -incluso atenta contra una tienda de paquis-, hasta que la escalada de violencia llega demasiado lejos y acaba comprendiendo que la gente no tiene porqué ser buena o tener razón por el único hecho de aceptarle en su grupo.



Little miss sunshine (2006). Vamos con la película indie por excelencia. Mucha gente conoce este filme, así que no voy a explicar de qué trata. Lo que más me gusta de él es que plasma de una forma… ¿bonita? la “sociedad” que crean un abuelo, Edwin Hoover, y su nieta Olive. Por mucho que el abuelo sea un cascarrabias malhablado, no deja de ser una persona inocente que quiere a su nieta y se esfuerza por ayudarla a cumplir su sueño -ganar un concurso de modelos. Olive obviamente es inocente, aún más si tenemos en cuenta que ella cree que tiene posibilidades de ganar, estando lejos del cánon de “belleza” de las Barbies que se presentan a ese tipo de concursos. Lo gracioso del caso es que estas dos grandes inocencias, cuando se juntan, la lían bien liada: resulta que el baile que tiene preparado Olive para presentar su candidatura es un show sensual al estilo de una stripper. Aquí se presenta un gran dilema: ¿por qué el abuelo le enseña un baile así? Algunos piensan que es un pederasta, un enfermo. Otros, que lo hace para reírse de la organización del concurso, para satirizar la “prostitución” de la infancia que se lleva a cabo en ese tipo de eventos. Yo creo que eso lo hace la película por sí misma, y me gusta creer en la plena inocencia del abuelo, por eso pienso que simplemente el hombre le enseña, de buena fe, lo único que sabe en cuanto a bailes, sin pensar que va a ser algo totalmente inapropiado. Aunque bueno, es sólo mi opinión. De todas formas, me gustan las películas que te plantean dudas y te hacen pensar.



Tenacious D in The Pick of Destiny (2006). Esta película, que yo sepa, nunca se ha estrenado en España. Cuenta, de forma ficticia, la supuesta creación y estrellato del grupo de rock humorístico Tenacious D, formado por Jack Black y Kyle Gass. Mi escena favorita es la inicial, cuando se presenta el personaje de Jack Black desde su tierna infancia. Resulta que el niño vive en un barrio suburbial del pueblo de Kickapoo (que traducido al español sería algo así como “patea un mojón, una boñiga”). Reside allí con su familia perfecta y ultracatólica, pero él es diferente: le gusta el rock and roll y alaba a los dioses del heavy metal (literalmente, alaba y reza al mítico cantante Dio). Un gran momento es cuando entra al comedor con una guitarra, cuando sus padres y su hermano están bendiciendo la mesa y se disponen a cenar, y el joven JB se pone a cantar una canción sobre patearle los cojones a un dragón y montar una buena jodida fiesta (lo hace repitiendo constantemente la palabra “fuck”). Ese niño es mi ídolo.








Paranoid Park (2007). Aunque no es de las más conocidas de su filmografía, esta es, a mi jucio, una muy buena película de Gus van Sant en su vertiente más “independiente”. Cuenta la historia de un adolescente aficionado al skate que una noche mata accidentalmente a un guardia de seguridad en unas vías de tren. Es interesante la lucha interna del joven: primero piensa confesar, pero luego ve que se metería en grandes problemas, y que realmente no es muy difícil engañar a la policía. Es una película sencilla, pero considero que retrata muy bien el “vacío” en que vive un joven desmotivado por la vida y por la gente que le acompaña, y que quizás simplemente necesita a alguien que lo escuche y entienda sus problemas.



Home Movie (2008). Ésta la vi en Sitges en 2008, y la verdad es que me gustó mucho, es una pena que no la estrenaran en las salas españolas. Es la típica película hecha a través de grabaciones domésticas, pero no por eso -el concepto ya está muy visto- deja de ser original. Las grabaciones son las típicas de una cámara doméstica: cumpleaños, Halloween, Navidades, etc. Resulta que tenemos a un matrimonio joven con dos hijos pequeños, un niño y una niña. Se han mudado recientemente a una casa grande lejos de la ciudad para estar tranquilos.Un día, los niños demuestran un comportamiento algo violento. Jugando con su padre, le hacen daño. Puede parecer un accidente sin importancia. Otro día, otro “accidente”. Luego, una travesura. Después, una actitud muy mala. Los castigan. Pero otro día la vuelven a liar: rompen cosas, se niegan a obedecer. Cada vez son más violentos, hasta que los padres se dan cuenta de que les pasa algo. La cosa se pone heavy cuando los niños empiezan a matar animales y luego atacan e intentan matar a un compañero de su clase. Entretanto, los padres se ponen manos a la obra para intentar solucionarlo. Es interesante que se posicionan en dos hipótesis diferentes: la madre, psicóloga, cree que tienen una enfermedad concreta, y empieza una terapia con ellos, incluso les receta medicamentos; en cambio, el padre, que es sacerdote, está convencido de que sus hijos están poseídos por el demonio o alguna otra fuerza sobrenatural, e investiga al respecto. Lo bueno es que la película acaba y en ningún momento se ha dicho claramente quién de los dos tenía razón. Por tanto, deja al espectador debatiéndose entre si era un caso científico o paranormal.



Los mundos de Coraline (2009). Acabamos la lista con esta aclamada película de animación que sorprendió a todos hace menos de un año. Coraline es una niña fastidiada por vivir en un mundo que no está hecho a su medida. Se aburre en su enorme casa, y sus padres no le prestan la atención que ella quisiera. Por eso, cuando encuentra un mundo paralelo donde todo parece ser perfecto -excepto el hecho de que todos los que habitan en él no tienen ojos, sino botones, un pequeño detalle sin importancia-, no duda en querer quedarse a vivir en él. Lo mejor del filme es la recreación de ese universo tan fantástico, y cómo poco a poco se va transformando en una pesadilla para la niña. La película juega, a mi entender, con una idea: lo bueno de la vida son sus matices, la vida tiene que tener lo bueno y lo malo, nada puede ser perfecto, porque lo perfecto acabaría convirtiéndose en algo horrible. Así, al final, la pequeña Coraline acaba aprendiendo a conformarse con lo que tiene.
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Fin de NIÑOS MALOS
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Killer.

lunes 11 de enero de 2010

Gino Rubert: "No leo best-seller"


Gino Rubert (México, 1969) autor de las portadas de la edición española y catalana de la trilogía Millenium de Stieg Larsson.





"Soy Gino Rubert, un chico tímido con muchas aficiones: escalar, pintar, tocar el piano. De pequeño dibujaba, luego estudié Ilustración en Nueva York, me especializé en el dibujo anatómico, cosa que me agradaba mucho y que más tarde me serviría en mi trabajo como pintor. Con el tiempo, después de varios trabajos en diarios y revistas, me di cuenta de que la Ilustración no era para mí, que era un ilustrador negado. Mi sistema de trabajo es como dice Mario Vargas Llosa en el prólogo a Historia del Ojo de Bataille: el arte tiene dos formas de aproximarse al arte y una de ellas es la de que el contenido precede a la forma. En mi caso sucede todo lo contrario, como ilustrador la forma precede al contenido, así que es un drama porque cuando intentaba invertir esta forma natural mía de hacer me generaba una ansiedad tal que no me agradaba nada de lo que hacía. Así que fui aceptando que la Ilustración no era lo mío y comencé a pintar hasta que un día gané un concurso de la Sala Parés y la beca de Roma que me abocó de forma más radical a la pintura. Antes de Millenium me habían pedido también alguna pintura para la portada de un libro, en el caso de esta trilogía fue Silvia Sesé, editora de Destino, quien me llamó y me lo propuso, ella conocía mi obra. Yo no podía hacerlo, no tenía tiempo, así que le propuse adaptar alguna imagen de mi obra. La primera la encontraron fácilmente. Luego pensé que quizás al ser una trilogía no encontrarían otras 2 más que les agradaran y que me tocaría hacerlas, pero bueno ya lo había dejado claro. No haría nada.


Imagen portada Los hombres que no amaban a las mujeres
(Serie True Blues, G.R)

La segunda fue la más complicada de encontrar. Tuvimos que borrar la figura masculina - el propio Rubert es el protagonista - que aparecía al lado de la chica. Esta portada lleva un tratamiento de imagen y Photoshop más potente que cualquiera de la otras.




Imagen portada La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
(Serie Spoiled boy, G.R)


Se puede decir que sí hay similitudes entre Lisbeth y la protagonista de mis cuadros aunque los atributos principales son prácticamente contradictorios: la chica de las portadas con el cabello largo da una imagen muy clásica mientras que Lisbeth tiene piercings, tatuajes, el cabello corto. Puede parecer que no tengan nada que ver pero hay una cierta demencia en sus miradas que las hace común.


Imagen portada La reina en el palacio de las corrientes de aire
(Serie Lección de Anatomía, G.R)




Al haber participado en las portadas podría haber leído los libros antes de que salieran a la venta pero no lo hice. Me he entretenido mucho leyéndolos, me enganché y me leí cada uno en 4 dias. Pero la verdad es que no es el tipo de literatura que suelo leer, pues leo poco y cuando lo hago prefiero no leer best-seller. Al leer los libros y ver las portadas crees que no tienen relación alguna. Realmente la única que encuentro interesante, pues me parece muy audaz, es la primera que tiene un punto original, ya que hasta que no llegas a la página 400 y pico no entiendes qué tiene que ver con la portada, pero de repente ¡pum pum, lo entiendes! Las otras dos son más psicológicas, ya sabes cómo es el personaje y lo vas relacionando todo. La segunda portada recuerda también al inicio del libro y esta chica atada en la cama. La tercera es una imagen muy de hospital, la Lisbeth que está machada porque casi la matan y la imagen de la chica con esas piernas que parecen ortopédicas. Yo juego con la descolocación del espectador. Mis imágenes fluyen entre lo bonito y lo feo, lo pacífico y lo violento. Intento que sean imágenes donde la lectura no esté cerrada, imágenes que te sugieran, que te inviten y no que te expliquen, que el espectador quede un poco incómodo con eso que no acaba de entender.

En mis pinturas cobra mucha importancia la fotografia, es un factor de seducción irrefutable que tiene que ver con la potencia y la magia del retrato fotográfico, por ejemplo de unos ojos inexpresivos que sin embargo te miran de manera muy inquietante. También tengo influencias de pintoras como Frida Kahlo, una artista que admiro mucho y a la que me siento muy cercano por su obsesión por el autoretrato y la simbología propia que crea a su alrededor, al contrario de otras pintoras como Remedios Varo o Leonora Carrington que usan recursos simbólicos más convencionales. Como Kahlo intento no caer en la poética fácil de lo mágico y lo onírico y crear mis propios símbolos. Yo creo que con mi obra intento mostrar lo masculino y lo femenino como fuerzas vitales: cuando represento una mujer estoy representando mi parte femenina en tanto que flexible, intuitiva, líquida; y cuando represento un hombre pues mi parte más masculina, formas cuadradas, rígidas, metálicas. Pero en sí lo que hay es una mirada irónica e incluso gamberra respecto a los roles en las parejas del marido y la mujer. En varias ocasiones me han acusado de machista, misógino... tengo que reconocer que mi obra está centrada en los géneros por tanto siempre habrá un discurso en torno a la mujer y al hombre, pero no creo que sea en este sentido. Mis pinturas representan ese miedo histórico que han albergado los hombres en los últimos siglos respecto a las mujeres y su lucha por el poder, aunque hoy día creo que hay tanto machismo en las mujeres como en los hombres. Claro que no todo el público hace esta lectura de mis obras, más bien ven que hago una ridiculización insultante hacia el hombre más que hacia la mujer que aparece ensalzada y embellecida. Puede ser que en mis cuadros haya violencia, pero es que hoy día la violencia está en todas partes. De forma más o menos explícita pero está presente.

Mi obra va más allá de las portadas de Millenium. Hace un año y medio cuando no me imaginaba la repercusión mediática que esto tendría pensé que quedaría para siempre como 'el de las portadas del Larsson', pero ya no lo pienso. Lo tengo asumido, claro, porque soy el creador de dichas portadas, pero mi carrera es más internacional. La gente de fuera me conoce por mi trabajo y no por las portadas. Realmente no sé si esto ha sido una cosa muy buena, pues aquí la gente comienza a saber de mí por esas portadas y no por todo mi trabajo anterior. Aquí siempre he sido un bicho raro, porque si no haces arte conceptual no existes. A nivel institucional todos mis compañeros se han llevado las becas y yo no he tenido nada. Sí, las portadas están bien aunque para mí estaría mucho mejor exponer en la Bienal de Venecia. Son cosas distintas, no tienen nada que ver".

Entrevista realizada por Karen Fernández y David Guerrero

miércoles 6 de enero de 2010

Nuestro Gran Hermano


Hola. Feliz año. Vuelta de vacaciones. Retomamos el vuelo y nunca mejor dicho. El debate sobre la introducción de escáneres corporales en los aeropuertos para luchar contra el terrorismo nos viene como anillo al dedo para comentar la última clase del 2009 del seminario de Stieg Larsson que imparte el profesor José María Perceval en la UAB.

Perceval propone una mirada a la verdad, la libertad y la justicia según Michael Blomkvist. Y yo lo ligo todo en un cóctel que no tiene nada que enviadar al Molotov: videovigilancia, escáneres, cacheos y una pobre concepción del término intimidad. En la clase comentábamos que la Libertad y la Justicia son dos amantes muy, muy, muy exigentes. Todo se limita a una regla muy sencilla:
  1. la Libertad exige Justicia: todo pueblo que se vanaglorie de vivir en plena libertad demanda también una dosis de justicia para salvaguardar semejante virtud de aquellos que prefieren tomar otro rumbo
  2. La Justicia anula la Libertad: al menos la de aquéllos que se han "desviado", de los culpables

  3. La Justicia limita la Libertad: de aquéllos que quieren resguardar tales derechos

Y la Justicia conlleva siempre una dosis de violencia, cuyo único actor legítimo para ejercerla es el Estado. Y no me refiero sólo a violencia física, otros tipos de violencia como las escuchas telefónicas, los escáneres corporales, las cámaras de videovigilancia en nuestras esquinas y demás hacen el mismo daño que los latigazos en la espalda.

Con la amenaza terrorista en las espaldas los gobiernos han decidido que es hora de sacar unas maquinitas - escáneres corporales - muy divertidas que "mediante unas ondas electromagnéticas, generan una radiografía en blanco y negro del cuerpo desnudo del viajero en la que el policía ve claramente las partes del cuerpo -genitales incluidos- y comprueba si se ocultan armas o droga". En Estados Unidos ya están en funcionamiento mientras que algunos estados de la UE están a la espera de una decisión conjunta, aunque España ya ha dicho que no las instalará. De momento. Un reportaje de El País explica muy bien el funcionamiento y la trampa de estos aparatitos.

En el caso de Millenium los caracteres de Blokmvist y Salander chocan profundamente cuando ella defiende una manera menos lícita de castigar y hacer justicia en tanto que su compañero quiere mantenerse dentro de la ley. Blokmvist es también un amante de la justicia y la libertad: en su revista intenta sacar todos los trapos sucios de su país y sus magnates, pero ¡ah! ¿quién viene ahí? Lisbeth Salander le muestra otro camino más rápido pero sin duda complicado y arriesgado de ventilar eso que huele mal y además dar una patadita a quien se lo merece. En ese juego de amor, odio y poder Blokmvist acaba admirando la atípica forma de comportarse de Salander que la hace libre a sus ojos. Pero, ojo, error. ¿Es Salander el personaje más "libre" de Millenium? Yo creo que su trasfondo familiar y social la ata más que ninguna otra cosa. Su lucha interna, el ansia de venganza y de dar una tunda cualquiera que se mueva la mantiene constantemente en alerta, atada, atrapada.


viernes 11 de diciembre de 2009

El novio de 'Pippi'



Mikael Blomkvist. ¿Os suena de algo? Quizás de Millenium. Sí, sí, Millenium, ya sabéis, Larsson, polis, corrupción, Salander. Sí, sí, seguro que os suena. Aunque también os puede sonar de alguna historieta de la escritora sueca Astrid Lindgren, la misma de Pippi Calzaslargas. Resulta curioso que Larsson tomara ADN de los personajes de su compatriota para crear -como si del Dr. Frankenstein se tratara- estos "superhéroes". Otros creen que Blomkvist es un alter ego del propio Larsson. En Los hombres que no amaban a las mujeres, Blomkvist es presentado como un periodista de investigación muy currante que "mete la pata" casi a propósito al publicar unas informaciones que no son del todo ciertas ni están correctamente confirmadas, por lo cual es condenado a pasar unos meses en chirona. Como si del mismísimo Kalle Blokmvist se tratara, este moderno, adulto y "atractivo" hombrecillo va por ahí olisqueando lo que se guarda el poder bajo la manga, lo que ocultan los poderosos del inocente pueblo. Si pretendía ser la estrella principal de la trilogía se ha equivocado; todo el protagonismo que parece adquirir desde las primeras páginas del primer tomo se va desvaneciendo a medida que entra en acción la pequeña Lisbeth. Sigue apareciendo, pero más bien como "protector" de nuestra Pippi. Y como todo un rompecorazones, eso sí.

Sabemos de su flirteo con la editora y socia de Millenium, la también periodista Erika Berger. Y con Lisbeth también inicia un curioso idilio. Interpreta el papel de un "padre protector", el chico que te dice "todo irá bien, nena". De otro modo no sería él quien acaba rescatando a Salander cuando peor lo está pasando. Un príncipe azul con palacio de Ikea, vamos.
Sus técnicas periodísticas: tirar de contactos. Y si no se puede contactar a alguien: regalárle un móvil, la técnica del sorteo.


El personaje es interpretado por el sueco Michael Nyqvist.

Niños malos III





Este chico es un demonio (1990) / Este chico es un demonio 2 (1991) / Este chico es un demonio 3 (1995). En la segunda parte de Niños Malos anuncié que los 90 pusieron de moda el perfil del niño travieso en Hollywood. Sin duda, la franquicia más célebre dentro de este subgénero fue la de Solo en casa. Pero no fue la única, ni mucho menos. Éste chico es un demonio, junto a sus dos secuelas, engendró el famoso personaje de Junior. Junior es el típico niño pillo, pero es muy, muy malo. Sus películas son comedias tontas, realmente son bastante malas, pero contienen un humor que dista un poco de ser blando e infantil. De hecho, en algunas escenas hay un humor bastante grueso, con referencias sexuales y chistes verdes. Junior es tan malo que es capaz de transformar una comedia infantil en algo en ocasiones… ¿desagradable? El chaval es tan diabólico que cuando sale del orfanato donde se ha albergado durante toda su vida, las monjas dan una fiesta por todo lo alto para celebrar su partida. Sí, es un chico malo, pero no se puede negar que el niño tiene buenas salidas. Por ejemplo, cuando está lavando platos y una monja gorda y fea le dice de malas maneras que quiere que la vajilla quede tan limpia que pueda ver su rostro reflejado en ella. Junior coge un plato lleno de suciedad y le dice: “mira, éste se parece bastante a ti”. Luego hay bastante humor de pedos y culos. Recuerdo, por ejemplo, una escena de la segunda parte en que Junior tira un petardo por una tubería de su colegio, y éste acaba estallando en un W.C. justo cuando un profesor se pone a cagar. Pero sin duda la escena más gloriosa de toda la trilogía es la del parque de atracciones. Puede sonar lamentable, pero la considero una de las escenas más memorables de la historia del cine. Y una de las más asquerosas también. Se han rodado muchas escenas con gente vomitando, incluso vomitando exageradamente… Pero ninguna ha llegado al punto donde nos llevó Junior. Por si alguien no sabe de qué estoy hablando, la cosa es simple: el niño manipula los controles de Crazy Dance, una atracción de feria de ésas que dan muchas vueltas (algo así como la Serpiente Emplumada de Port Aventura), haciendo que ésta se vuelva loca y empieze a girar a una velocidad de vértigo, lo cual provoca el vómito de los que están en la atracción y de las personas que están mirando. Lo bueno es que no sólo vomitan a chorro, sino que además lo hacen los unos sobre los otros, manchándose entre ellos, salpicando a la gente que pasea tranquilamente por la feria y dejando el suelo encharcado y resbaladizo. Y todo porque a Junior no le han dejado montar por ser demasiado bajito. No se juega con un demonio.
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Daniel el travieso (1993). Otro niño travieso. Bueno, EL niño travieso por definición. Aunque en este caso hablamos de un chico muy pequeño y bastante inocente. Mason Gamble, el actor que interpreta a Daniel -Dennis en la versión original- Mitchell, tenía sólo 6 años cuando se rodó esta película. ¿Se puede ser malo a esta tierna edad? Lo cierto es que estamos ante otro ejemplo de niño inocente que la lía sin quererlo. En realidad, los gags del filme giran en torno a cómo la lía Daniel y cómo siempre intenta arreglar sus desperfectos, liándola aún más. Se juega mucho con la inocencia del crío que se piensa que está haciendo lo correcto, cuando en realidad está metiendo la pata hasta el fondo. El núcleo argumental de la película es la relación de Daniel con su vecino George Wilson (“¡señor Wilsoooooooooon!”), interpretado por Walter Matthau. Wilson es un ser bastante despreciable por quien Daniel siente un profundo e inexplicable amor. Un amor muy “de niño”, por decirlo de alguna manera. Supongo que le hace gracia el viejo cascarrabias, pero el sentimiento no es mútuo, ya que Wilson básicamente odia a todo ser humano, pero muy especialmente al pobre crío. Daniel es el niño malo más inocente del mundo… ¿no se da cuenta de que Wilson no quiere su compañía? Aún así, paradójicamente, la criatura le hace pagar -sin querer- su desprecio montándole trampas de todo tipo, dolorosas y humillantes.
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El buen hijo (1993). O “Macaulay Culkin parte 2”. Aquí abandonamos momentáneamente los niños traviesos para pasar a hablar de un niño simplemente enfermo. Primero de todo diré que esta película es un montón de estiércol cuyo único interés reside en presenciar el duelo interpretativo entre un niño actor que ha triunfado (Elijah Wood) contra otro que no ha llegado a nada (Culkin). A parte de esto, nada interesante. La historia es absurda: Wood -sí, paso de poner los nombres de los personajes, a tomar por culo-, un niño que ha perdido recientemente a su madre, va a vivir a casa de sus tíos y se hace amigo de su primo Culkin, que resulta ser un hijo de puta psicópata que pretende matarlo y putearlo de muchas maneras. Para ser justo, diré que el personaje tiene un cierto interés, en el sentido de que juega el doble papel de niño bueno ante sus padres y demonio ante su primo, a quien encima hace parecer culpable, a ojos de sus progenitores, de todo lo que ocurre. Los padres, por cierto, son muy tontos, ya que realmente necesitan muchas pruebas evidentes de que su hijo es un tarado para darse cuenta de ello.
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El peque se va de marcha (1994). Ésta película plantea una interesante cuestión: ¿se puede ser malo con tan solo 2 años de edad? Bien, podría decirse que el protagonista de este filme, Baby Bink, lo es, por mucho que vista pañales, gatee, no sepa pronunciar ni una sola palabra y tenga un nombre tan ridículo e irritante. El muy cabroncete es capaz de desesperar y humillar a dos tipos duros de la talla de Joe Mantegna (la voz de Tony el Gordo en Los Simpsons y el malísimo Joey Zasa, que en El Padrino III está a punto de asesinar a Michael Corleone cuando planea un tiroteo monumental desde un helicóptero en Atlantic City) y Joe Pantoliano (Ralph Cifaretto en Los Soprano, un mafioso psicópata interesado en las prácticas sexuales masoquistas y que era capaz de asesinar a una prostituta con sus manos desnudas simplemente por pura diversión). El caso es que estos tipos (en realidad son 3, Eddie, Norby y Veeko), raptan al ricachón Baby Bink en el día en que va a ser portada de los periódicos -sólo por su cara bonita y porque su madre caga lingotes de oro. La idea de los tipos no es mala: se hacen pasar por los fotógrafos, se llevan al bebé y lo cuidan hasta que reciben la suculenta recompensa. El problema es que tienen que cambiar pañales y asegurarse de que Baby Bink no sufra ningún daño. Incluso hay un momento en que intentan que la criatura se divierta: cuando Veeko y Norby se empiezan a dar de ostias mutuamente el bebé se descojona. Todo parece ir bien al principio, pero Bink… bien, no sé si es un niño malo o no, pero está claro que le van las emociones fuertes, porque se escapa e inicia un interesante tour por la ciudad de Nueva York: el zoológico, el parque, las obras en vertiginosos rascacielos… El crío sólo se mete en lugares que contienen peligros gravísimos, pero que él supera con una facilidad pasmosa… mientras que sus perseguidores sufren de formas diversas y dolorosas. Tenemos aquí un ejemplo de “niño malo-inocente”, como veíamos en Daniel el travieso, pero llevado al extremo. Siempre me ha resultado curiosa la escena en que el niño se mete en la jaula de un gorila gigante. El animal no parece inmutarse ante su presencia, más bien lo ve como un compañero, y lo cuida como si fuese uno de su especie. Ahora bien, a los ladrones les da hasta en el carnet de identidad. Una de las mejores escenas de la película es la del parque. El mensaje es claro: nunca mezcles niños, fuego y genitales.
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South Park (1999). Poco voy a decir de ésta, porque todo el mundo la ha visto. Es curioso, tenía 12 años cuando se estrenó esta película -igual ya 13 cuando llegó a nuestras salas-, pero la fui a ver al cine, y la gran mayoría de mis amigos y compañeros hicieron lo mismo. Y eso que el filme incluía palabrotas, sexo y violencia… Vulgaridad pura y dura durante todo su metraje. No soy un gran experto de la serie de televisión, de la cual no he visto más que unos 15 capítulos, pero tengo entendido que la película es un gran acierto y una prueba palpable de que algo que es bueno en 25 minutos también lo puede ser en 81 (Los Simpsons lo confirmaron más recientemente, aunque la película de South Park es mejor, en mi opinión). Esta es una película que consigue ser muy divertida a base de chistes guarros y humor muy negro y de mal gusto. Además, sus protagonistas son niños, sin duda los más malos del mundo… No hace falta que justifique su inclusión en la lista, ¿no? Provocar una guerra entre los Estados Unidos y Canadá es su fechoría principal, pero sólo uno más entre los muchos pecados por los cuales arderán eternamente en el infierno.
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El verano de Kikujiro (1999). Ésta es una “rareza” del director, humorista, actor, artista, bailador de claqué, presentador y showman japonés Takeshi Kitano. Es una película de su línea más reflexiva y extraña. No puedo hacer un análisis profundo porque la vi hace tiempo y no la recuerdo mucho. Sólo diré que su argumento es de lo más retorcido. Resulta que Masao es un niño que vive con su abuela y nunca ha conocido a sus padres. Un día, durante las vacaciones de verano, encuentra en su casa una foto de su madre con una dirección apuntada. Total, que coge y se va a buscarla. Pero no, no, claro, cómo va a ir un niño de 8 o 9 años solo a cruzar medio Japón a pie. Se ve que la abuela tiene un amigo llamado Kikujiro, que acepta a acompañarlo. Kikujiro -interpretado por el propio Kitano- es un ex-yakuza violento y gandul. Realmente el “malo” es él, más que el pobre Masao. Incluso podríamos decir que se trata de un “niño malo”, porque no deja de ser un niño grande. Pero lo de Masao también tiene tela… se fía de Kikujiro, acepta que sea su acompañante y se une a sus maldades. Y bueno, al final se acaban haciendo muy amigos. Realmente es una película recomendable; es divertida y al final acaba resultando bastante emotiva.
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El sexto sentido (1999). Haley Joel Osment fue el niño más famoso de 1999. Su actuación en esta película le valió una nominación a los Oscar. Antes había sido el hijo homónimo de Forrest Gump, y después participó en la asquerosilla Cadena de favores y en Inteligencia Artificial. Realmente era una gran promesa a principios de siglo XXI. Se decía de él que era inteligente y robaplanos, que actuaba mejor que las grandes estrellas con las que trabajaba. Pero la vida en Hollywood no es tan fácil como parece, y la carrera del muchacho acabó en el olvido, antes incluso de llegar a cosechar la fama de Macaulay Culkin. En 2007, Osment fue detenido por conducir borracho, hecho que confirmó su decadencia como actor y como persona. Pienso que es justo incluir esta película en la lista por el propio actor -que parecía el eterno niño bueno y resultó estar lejos de serlo- y por su personaje, el famoso niño que veía muertos. Siempre me ha hecho pensar la premisa de este filme… Resulta que el crío tiene el poder de ver a los muertos, y que éstos lo saben y acuden a él para que los ayude en algo que han dejado pendiente en la tierra, como transmitir un mensaje a algún ser querido, o alguna gilipollez similar. Entonces, yo me pregunto… ¿por qué coño se dedican a cagarlo de miedo durante toda la película? ¿No quieren su ayuda, precisamente? Yo digo, personalmente, que si se me aparecieran cuerpos ahorcados en el pasillo del instituto o el cadáver de una mujer en bata y las muñecas cortadas gritándome en medio de la noche, no sólo me negaría a proporcionarles algún tipo de ayuda, sino que además los enviaría a tomar por culo.
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Star Wars: Episodio I – La Amenaza Fantasma (1999). Vamos ahora con otro niño célebre, en este caso por ser el más odiado del año. De acuerdo, Jar Jar Binks era el personaje más detestado de la película (y de la saga de Star Wars entera), pero yo creo que Anakin niño lo siguió de cerca -y sin duda Anakin joven también pasaría a ocupar un lugar destacado en el ránking de los denostados. ¿Por qué gusta tan poco este personaje? Yo creo que por varias razones. Una, porque Jake Lloyd era un actor bastante pésimo. Ya lo había demostrado en Un padre en apuros -donde hacía de hijo de Schwarzenegger- y, por suerte, no tuvo la ocasión de demostrarlo mucho más, porque el de Anakin fue el último papel que interpretó. Otra razón de peso es la forma en que se dibuja el personaje en el filme. A ver, es que estamos hablando de Darth Vader, el malo más famoso de la historia. ¿Y qué es lo que nos dan? Un niño con cara de huevo y peinado de casquete que sólo sabe decir estupideces y abrazar a su madre. Era un cagón considerable, y su masculinidad se ponía en duda desde el primer fotograma. Vale, para ser justos, tengo que reconocer que este planteamiento no me desagrada del todo. Supongo que George Lucas decidió “impactarnos” con una figura totalmente inocente y angelical del que sería un temible villano, con tal de profundizar en el tema de la “evolución”, y tal. Anakin niño hizo que todos pensáramos: “mira, incluso Darth Vader, el cabrón más considerable de la galaxia, tuvo un pasado en que se chupaba el pulgar y llevaba pañales”.
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The Royal Tenenbaums (2001). Entramos en el siglo XXI de la mano de una de las mejores películas de Wes Anderson (aunque en realidad todos sus filmes pueden considerarse “entre los mejores”). Como todas las de su director, se trata de una divertida observación de las relaciones humanas entre individuos de carácteres dispares y conflictivos. Los personajes de Anderson a menudo exteriorizan excentricidades muy visibles y remarcables, pero en realidad es mucho más extenso e importante su mundo interior. Me gustan sus filmes porque presentan siempre esta doble vertiente entre lo más visible -a menudo se juega mucho con la estética y el vestuario de los personajes- y lo más sutil -los sentimientos, el carácter. Digamos que las situaciones cómicas y los diálogos absurdos van dibujando la personalidad de los personajes, y a medida que avanza el metraje se va haciendo cada vez más clara su forma de ser, sus intereses, su evolución -si es que la hay. The Royal Tenenbaums gira en torno a la familia del rico e irresponsable Royal Tenenbaum, cuyo desprecio por su mujer y sus tres hijos, todos ellos genios en diversas prácticas, lo lleva a distanciarse irremediablemente de ellos. Hasta que un día, cuando está ya mayor y los hijos están crecidos y son independientes, Royal decide simular que tiene un cáncer terminal para volver a ganarse el afecto de todos. Hay varios niños en el filme, y por eso lo incluyo en esta lista. Primero, aparecen los hijos de Royal cuando son pequeños. Ellos son Chas, Margot y Richie Tenenbaum. Todos tienen sus rarezas, pero Margot -interpretada por Gwyneth Paltrow- se lleva el título de niña mala, por varias razones. Para empezar, es adoptada, algo que su padre no deja de aclarar cada vez que la presenta en sociedad: “…y ésta es mi hija adoptiva Margot”. A ella, la verdad, esto no parece importarle mucho. Aunque de alguna manera los espectadores sabemos que sí le afecta. En un momento de su preadolescencia, Margot decide escaparse y salir en busca de su familia verdadera. Los encuentra, y descubre que son una pobre y numerosa familia rural de paletos, “basura blanca”. En el poco tiempo que Margot está con ellos, la pobre chica se corta un dedo talando leña. Ésta es otra extentricidad del personaje, tener un dedo de la mano ortopédico. El gran talento de Margot es escribir obras de teatro e interpretarlas junto a sus hermanos. En una escena, Royal critica una de las obras diciendo que es estúpido que sus protagonistas sean animales. Margot parece ser la más independiente y la más ignorada por todos, especialmente por su padre. Pero hay alguien que no sólo no la ignora, sino que está obsesionado con ella: su hermano Richie, que está secretamente enamorado de Margot, algo que exterioriza pintando decenas de retratos de la niña. Pero Margot, que de alguna forma también siente cierta predilección por su hermano, no parece corresponderle como él querría. De hecho, en su adolescencia, la chica inicia una fase de exploración sexual salvaje que la lleva los brazos de personajes de lo más variopintos. Margot se acaba casando, lo cual lleva al pobre Richie a abandonar su exitosa carrera como tenista, pero a la vez acaba desquiciando a su marido (Bill Murray), ya que en realidad no le quiere -y, la verdad, da bastantes muestras de ello. En fin, Margot es un personaje misterioso y algo retorcido, una niña mala que merece un puesto en esta lista. Los de la imagen son los gemelos Ari y Uzi Tenenbaum, hijos de Chas Tenenbaum (Ben Stiller). He puesto esa fotografía porque son divertidos, y son un ejemplo de lo que decía antes sobre las peculiaridades estéticas que incorpora Wes Anderson en sus personajes. En este caso, reflejan las neuras de su padre, que desde que su mujer murió está obsesionado con la seguridad y la protección de los niños, haciendo incluso que vistan de uniforme -igual que él mismo. Pero un día entra en su vida Royal Tenenbaum, y los “pervierte” llevándoselos por la ciudad e incitándoles a hacer travesuras varias (en la imagen, están los tres subidos a un camión de la basura).
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Samaritan Girl (2004). Acabo la tercera parte de Niños Malos haciendo mención a esta película del director coreano Kim Ki-Duk. El filme cuenta la historia extraña de dos adolescentes que se prostituyen para conseguir dinero para viajar a Europa. Yeo-Jing arregla los encuentros, guarda el dinero y vigila que no haya moros en la costa durante las citas, mientras que Jae-Young se limita al ñaca-ñaca. Pero ocurre que con el paso del tiempo Jae-Young se va haciendo amiga de sus clientes, llegándose a enamorar de uno de ellos. Yeo-Jing se pone celosa, pues ve que su amiga se está distanciando de ella y considera que los hombres con los que se acuesta son tipos repugnantes y degenerados. Un día, Jae-Young es sorprendida por la policía mientras está con un cliente, y decide saltar por una ventana para escapar. El impacto es demasiado fuerte, y la chica muere. A partir de entonces, Yeo-Jing decide comprender a su fallecida amiga poniéndose en su piel: se dedica a acostarse con cada uno de los clientes que había tenido Jae-Young y, además, les devuelve su dinero. En definitiva, una pintoresca historia de redención interior con niñas malas como protagonistas.
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Fin de NIÑOS MALOS parte 3
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Killer.

lunes 7 de diciembre de 2009

Millenium 2 en el cine: Una historia de puteros sin putas


¡Ojo! Que nadie se ofenda por el título de esta entrada. La redacto con la misma frialdad con que se tratan estos temas en la adaptación cinematográfica de la segunda parte de la saga Millenium. Segundas partes nunca fueron buenas, dicen por ahí. El entusiasmo del público por la historia relatada en el segundo tomo de Millenium me parece a mí que se ha desvanecido al ver los primeros minutos de la película. Se intentan contar muchas historias y se acaba no contando nada. Se supone que la trama gira alrededor de la prostitución y el tráfico de mujeres del Este. Y toda esta trama de explotación sexual y corrupción nos lleva hasta el padre de Lisbeth y, en consecuencia, a su tortuoso pasado.
Pero, ¿dónde están las "putas" de esos reiterados "puteros" que se mencionan durante toda la cinta? Se hace referencia a un par de nombres rusos, se pasan un par de fotogramas donde un gordo y viejo verde se deshace de ¿placer? mientras viola a una de estas jóvenes, y se da por tratado el asunto. Ahí queda eso, le dicen al espectador. Ni siquiera la historia de Lisbeth se da por bien contada. Sí, sabemos que sufría malos tratos. Su madre también. Y sabemos que tenía un tutor muy cabrón. Y resulta que el padre era de la misma calaña. Pero nada más. En la película no se trabaja el personaje. Y los últimos 10 minutos de la cinta: un chiste. Una sucesión de acontecimientos ricos en sustancia psíquica y social que se desperdician sin más.
Esta vez Lisbeth no hace justicia. Pero no es su culpa.