miércoles 6 de enero de 2010

Nuestro Gran Hermano


Hola. Feliz año. Vuelta de vacaciones. Retomamos el vuelo y nunca mejor dicho. El debate sobre la introducción de escáneres corporales en los aeropuertos para luchar contra el terrorismo nos viene como anillo al dedo para comentar la última clase del 2009 del seminario de Stieg Larsson que imparte el profesor José María Perceval en la UAB.

Perceval propone una mirada a la verdad, la libertad y la justicia según Michael Blomkvist. Y yo lo ligo todo en un cóctel que no tiene nada que enviadar al Molotov: videovigilancia, escáneres, cacheos y una pobre concepción del término intimidad. En la clase comentábamos que la Libertad y la Justicia son dos amantes muy, muy, muy exigentes. Todo se limita a una regla muy sencilla:
  1. la Libertad exige Justicia: todo pueblo que se vanaglorie de vivir en plena libertad demanda también una dosis de justicia para salvaguardar semejante virtud de aquellos que prefieren tomar otro rumbo
  2. La Justicia anula la Libertad: al menos la de aquéllos que se han "desviado", de los culpables

  3. La Justicia limita la Libertad: de aquéllos que quieren resguardar tales derechos

Y la Justicia conlleva siempre una dosis de violencia, cuyo único actor legítimo para ejercerla es el Estado. Y no me refiero sólo a violencia física, otros tipos de violencia como las escuchas telefónicas, los escáneres corporales, las cámaras de videovigilancia en nuestras esquinas y demás hacen el mismo daño que los latigazos en la espalda.

Con la amenaza terrorista en las espaldas los gobiernos han decidido que es hora de sacar unas maquinitas - escáneres corporales - muy divertidas que "mediante unas ondas electromagnéticas, generan una radiografía en blanco y negro del cuerpo desnudo del viajero en la que el policía ve claramente las partes del cuerpo -genitales incluidos- y comprueba si se ocultan armas o droga". En Estados Unidos ya están en funcionamiento mientras que algunos estados de la UE están a la espera de una decisión conjunta, aunque España ya ha dicho que no las instalará. De momento. Un reportaje de El País explica muy bien el funcionamiento y la trampa de estos aparatitos.

En el caso de Millenium los caracteres de Blokmvist y Salander chocan profundamente cuando ella defiende una manera menos lícita de castigar y hacer justicia en tanto que su compañero quiere mantenerse dentro de la ley. Blokmvist es también un amante de la justicia y la libertad: en su revista intenta sacar todos los trapos sucios de su país y sus magnates, pero ¡ah! ¿quién viene ahí? Lisbeth Salander le muestra otro camino más rápido pero sin duda complicado y arriesgado de ventilar eso que huele mal y además dar una patadita a quien se lo merece. En ese juego de amor, odio y poder Blokmvist acaba admirando la atípica forma de comportarse de Salander que la hace libre a sus ojos. Pero, ojo, error. ¿Es Salander el personaje más "libre" de Millenium? Yo creo que su trasfondo familiar y social la ata más que ninguna otra cosa. Su lucha interna, el ansia de venganza y de dar una tunda cualquiera que se mueva la mantiene constantemente en alerta, atada, atrapada.


2 comentarios:

  1. Qué heavy lo de los escáneres, ya para eso nos despelotamos delante de los guardias. Ahora cuando salgamos de viaje tendremos que ponernos en forma, ya no sólo para lucir palmito en la playa, sino también en los escáneres del aeropuerto jaja. Ya me estoy imaginando artículos en las revistas de marujas: "20 trucos y consejos para derretir el escáner: muestra tu mejor esqueleto en los rayos XXX, ¡no podrán dejar de cachearte!, etc.

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  2. Jajaja, yo paso. Pero conozco más de uno/a que se compraría esa revista.

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